La relación entre el bronceado y la dieta.

No fue hasta el 1923, que en Europa, se puso de moda la piel bronceada, que indicaba un estatus social el cual mostraba que la persona se podía permitir unas vacaciones.

La precursora fue la diseñadora francesa Coco Chanel que popularizó la “moda del bronceado” mostrando fotos de su piel pigmentada después de unas vacaciones.

Hasta ese momento, el color “moreno” o “tostado” se relacionaba con las clases sociales más bajas, las que tenían que trabajar al aire libre y de las personas enfermas, ya que los médicos a principio del siglo XX, recetaban “baños de sol” para combatir la anemia y depresión.

Hay referencias históricas que afirman que a mediados del año 400 a.C. los griegos se blanqueaban la piel del rostro con polvo de carbonato de plomo, así como se sabe que las damas italianas del siglo XVI, utilizaban arsénico para dar a su rostro un aspecto translúcido (con dos prácticas tóxicas).

En la actualidad se sabe que los “baños solares” ayudan al organismo en la síntesis de la vitamina D, así que tomar el sol con precaución aporta muchos beneficios para el cuerpo humano, como fortalecer los huesos y los dientes, el aumento de defensas del organismo o la mejora de los aspectos de la piel. Además, apunta una mejora en los estados depresivos y la calidad del sueño.

La ingesta de los alimentos adecuados, como por ejemplo, aquellos que contengan el llamado betacaroteno, y seguir una dieta equilibrada, también aporta muchos beneficios para el organismo, así como también, nos pueden ayudar a prolongar nuestro bronceado que hemos conseguido durante el verano.

Próximamente, os sorprenderemos con una nueva entrada hablando de estos alimentos y de los beneficios que nos aportan.